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lunes, 30 de marzo de 2015

Los tres días del andar errante




Durante los tres días del andar errante, la gente se vestía de colores y se pintaba la cara de añil.  Estaba prohibido hablar o intercambiar gesto alguno. Si había necesidad de comunicarse, se permitía el cruce de miradas durante el tiempo que se deseara o hasta que el interlocutor lograra hacerse entender. Se podía comer: pero solo alimentos que contuvieran hidratos de carbono o azucares de fácil asimilación. También se podía beber: pero solo bebidas con alta graduación alcohólica. Todo el mundo disfrutaba de vacaciones y toda actividad económica era paralizada durante aquel corto espacio de tiempo. El presidente de la república, la policía y el ejército,quedaban exentos de las prohibiciones manteniendo el orden en caso necesario. Finalizado este periodo, todo (que no todos) volvía a la normalidad. Nadie preguntaba por la gente que había desaparecido y la vida continuaba sin más.
Esos tres días limpiaban la pequeña sociedad de delincuentes, inmorales, ociosos, revolucionarios, filósofos, prostitutas, homosexuales, intelectuales, poetas, escritores, pintores, bailarines... y una larga lista elaborada entre periodo errante y periodo errante por los padres y  guardianes de la patria.

Nota: Párrafo extraído del libro “El mundo perfecto “de autor anónimo. Encontrado en la cueva olvidada y fechado en el inicio de los tiempos desde que el hombre es hombre.