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miércoles, 5 de junio de 2013

Manual para el buen dormir solo .






Es importante no olvidar, que quizás nos encontremos ante uno de los actos rutinarios más importantes del día: de ello dependerán las siguientes siete, ocho, o diez horas; el descanso de mente y cuerpo y el humor del despertar matutino.
Póngase frente al lecho y siéntese suavemente sobre este. Acaricie las sabanas, deje que sus manos se deslicen placenteramente sobre la tela. Retire la ropa con delicadeza e introdúzcase en la cama lentamente. Ahora no piense en nada, permita a su cuerpo  acomodarse plácidamente al colchón. Si por un momento, intenta interponerse entre usted y el santuario alguna que otra malintencionada sensación de angustia (piense que estas últimas son tan humanas como el propio cuerpo)  omítala; déjele bien claro que esta es una relación de dos y que los tríos no tiene cabida alguna. Usted y su cama comparten desde hace mucho una concomitancia monógama: esto la persuadirá y la alejará pronto del escenario deleitoso en el que  usted se hallaba.
Llegados a este punto, piense que postura adoptar ante el inminente encuentro con Morfeo: la supina, la contraída, boca abajo, la libre (consta de una mezcla de las tres anteriores) o la enroscada; esta se hará en complicidad con las sábanas. Una vez la decisión haya sido tomada, sienta el pesar de sus párpados. Es bueno en el caso de las mujeres haberse desmaquillado previamente pues podría entorpecer la lánguida caída de ojos requerida en este momento.
 Ahora, solo entréguese apasionadamente al placer de la dormidera y si después de haber seguido el manual no consigue el efecto deseado, no sufra: le recomiendo  acercarse al dispensario más cercano,  seguro que el doctor tendrá a bien recetarle alguna que otra píldora más eficaz que mis consejos.


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