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martes, 23 de febrero de 2016

Humanidad




No te escaparás ¡ya puedes saltar tan rápido como quieras que hoy eres mío maldito batracio! El pobre sapo, gordo y seboso como estaba, intentó desesperado buscar un rincón donde ocultarse del gigante que tenía al lado ¿te crees muy listo, no? ¿Acaso no me conoces después de todo este tiempo? ¿Cuantas horas crees que he perdido educándote, cuidándote, alimentándote e intentando transformarte un ser provechoso? ¡Muchas! demasiadas diría yo; pero tú no, tú en tu necedad no has aprendido nada  y ahora me obligas a deshacerme de ti ¡inútil! El  sapo despavorido, corrió a esconderse bajo  uno de los tantos libros que yacían desperdigado por el suelo. Inmóvil y aterrorizado, vio cómo su refugio desparecía mientras la sombra de una enorme mano se abalanzaba sobre él; entonces habló:
- Batracio: [animal]  vertebrado de sangre fría que pasa la primera parte de su vida en el agua respirando a través de branquias y cuando alcanza la edad adulta se vuelve terrestre y tiene respiración pulmonar; se desarrolla por huevos en el agua y tiene la piel lisa y con glándulas mucosas
El hombre se quedó mirándolo estupefacto ¿y eso es todo lo que has retenido? egoísta enfermizo ¿eso es lo único que sabes, una definición de diccionario sobre tu especie?
 El sapo volvió a hablar:
-Hombre: Ser vivo que tiene capacidad para razonar, hablar y fabricar objetos que le son útiles; desde el punto de vista zoológico, es un animal mamífero del orden de los primates, suborden de los antropoides, género Homo y especie Homo sapiens.
"el hombre es un ser racional"

Haberlo dicho antes querido amigo, ya puedes volver a tu charca tranquilo. Y el sapo regresó al lugar del que nunca debería haber salido.

lunes, 14 de septiembre de 2015

El cuento de una historia




No quiero mentir, me dijo, deja que salga por la puerta, solo eso. Y dejé que saliera de mi vida aceptando lo inevitable; al final, la única certeza que nos queda es que  nada dura para siempre.  Los años  de amor eterno se escurrieron entre mis manos dejando un poso de soledad que me consumió durante algún tiempo, pero pasó (como pasa todo en este mundo) y volví a la tediosa  cotidianidad de siempre.
Unos meses más tarde, recibí la primera carta. Parecía feliz, me contaba sobre sus viajes, sus descubrimientos y de como se había reencontrado consigo mismo. Me agradecía el gesto de generosidad que hice (según él) dejándolo partir sin dramas ni súplicas. En realidad, hacía tiempo que me había ido preparando y  mi orgullo de mujer No-despechada era lo único que me hacía sentir bien. Un par de meses después, recibí la segunda carta y su estado de ánimo ya no me pareció  tan fantástico como en la anterior. Según contaba, el dinero se iba acabando y no se le hacía  fácil  encontrar un trabajo que cubriera sus necesidades dificultando de sobremanera sus planes. Se despedía de nuevo recordándome lo maravillosa que era y bla, bla ,bla… Pasó más de un año antes de recibir su tercera carta y esta vez  vomitó sobre el papel todas sus decepciones con el mundo, sus desengaños con la gente y la necesidad imperiosa que tenía de hablar conmigo, porque según  decía,  nadie lo conocía ni lo comprendía tan bien como yo. Sentí cierta tristeza , no mentiré, pero eso fue todo : el tiempo es el mejor aliado para el olvido y la des-afección ya había dejado su huella .
Dos años después, sin más, se presentó un día en mi casa : escuálido, envejecido, con los ojos llorosos y la mirada perdida, se abalanzó sobre mí  diciéndome entre sollozos que yo era el amor de su vida, que había sido un estúpido y que lo dejara regresar.
- creo que se equivoca de persona, le dije.
 Y se alejó cabizbajo  mientras yo lo observaba con una enorme sonrisa de satisfacción vengada.


N del A: La verdad de la historia es que nunca volvió, que fui una mujer despechada y que todavía diez años después, sigo echándolo de menos.  Pero me quedan  los cuentos y esos, esos sí terminan como a mí me viene en gana.

miércoles, 3 de junio de 2015

La Ruleta




Hagan sus apuestas señores, la ruleta de la moral está lista. Y  los cuatro caballeros colocaron sus fichas en la mesa para dar inicio al juego: uno apostó al número de la verdad,  otro al de la mentira, un tercero al de la vida y el último al de la muerte. El número 69 correspondiente al sexo, quedó vacío.  La apuesta se cerró con un “no va más “mientras la bola caía por inercia  en la casilla vencedora.

El sexo gana,  dijo la crupier mirando con lujuria a los jugadores: La banca nunca pierde.

lunes, 30 de marzo de 2015

Los tres días del andar errante




Durante los tres días del andar errante, la gente se vestía de colores y se pintaba la cara de añil.  Estaba prohibido hablar o intercambiar gesto alguno. Si había necesidad de comunicarse, se permitía el cruce de miradas durante el tiempo que se deseara o hasta que el interlocutor lograra hacerse entender. Se podía comer: pero solo alimentos que contuvieran hidratos de carbono o azucares de fácil asimilación. También se podía beber: pero solo bebidas con alta graduación alcohólica. Todo el mundo disfrutaba de vacaciones y toda actividad económica era paralizada durante aquel corto espacio de tiempo. El presidente de la república, la policía y el ejército,quedaban exentos de las prohibiciones manteniendo el orden en caso necesario. Finalizado este periodo, todo (que no todos) volvía a la normalidad. Nadie preguntaba por la gente que había desaparecido y la vida continuaba sin más.
Esos tres días limpiaban la pequeña sociedad de delincuentes, inmorales, ociosos, revolucionarios, filósofos, prostitutas, homosexuales, intelectuales, poetas, escritores, pintores, bailarines... y una larga lista elaborada entre periodo errante y periodo errante por los padres y  guardianes de la patria.

Nota: Párrafo extraído del libro “El mundo perfecto “de autor anónimo. Encontrado en la cueva olvidada y fechado en el inicio de los tiempos desde que el hombre es hombre.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Hoy quiero escribir




Hoy quiero escribir sobre lo inevitable
Sobre el poder que tiene
Sobre cómo nos arrastra sin dolor
- Parte de vida -
Muerte consciente que surge
                                  Del primer llanto inocente


Hoy quiero escribir sobre lo inevitable
Sobre el amor perverso que nos consume
Sobre el destino impregnado en la piel
- Inconsciencia -
Fuerza inalcanzable
                            De la muerte en tránsito


Hoy quiero escribir sobre lo inevitable
Sobre mis fantasmas irreales
Sobre  personajes sin historia
- Falacias -
Locuras trazadas
                  De la vida de cada uno


Hoy quiero escribir sobre lo inevitable
Sobre cuanto amas y cuanto odias
Sobre los minutos
- Imperceptibles -
Que se filtran en mis manos
                                   Frágiles como mariposas


Hoy quiero escribir sobre lo inevitable
Sobre la sensación de orfandad que me acompaña
Sobre mí y sobre nada
- Soliloquios -
Porque al fin
                 Nada es lo que queda


Hoy quiero escribir sobre lo inevitable
                    Hoy

                          Porqué mañana

                                            Quién sabe.

miércoles, 14 de enero de 2015

Mas allá


                                  




                            Mas allá de la distancia


                Velas cruzando el acuoso dédalo

                Brazos en alto desplomándose
                                                               
                                                          ante la altivez de la caricia

                Locura de amor cotidiano
                                                          amarrado a la pasión del sentimiento.

                Lejos de la tierra yerma de la infancia

                El barco surca plácidamente  las olas calmadas

                De  madurez tardía y otoño encubierto

                El amante se torna amado y el amado amante

                Y deslizan finas líneas en el papel sedoso del cuerpo anhelado

                Olvidando  la fragilidad de la vida

                Y fundiéndose en el corto éxtasis del placer robado.

                    

jueves, 24 de julio de 2014

La Diosa





Iba a cruzar la calle cuando la vio. Al instante quedo embelesado por el  contorneo de sus caderas  y las finas agujas de sus tacones. La Diosa, marchaba al compás de los Tambores de  la selva urbana luciendo un ceñidísimo vestido de satén blanco que realzaba de sobremanera su figura.  ¿Cómo podía concentrarse tanta belleza en un solo cuerpo? Para un eterno seductor como él, ese sería  un día de caza  estimulante. Decidió seguirla  rastreando su olor igual que un felino a su presa. Luego de un corto trayecto, la Diosa entró a un café cuya fachada quedaba rotulada con un nombre en francés: “les gent qui j’aime” .Esperó unos segundos y fue tras ella. Se acomodó en la barra y después de pedir un whisky observó con deleite a la presa. La distancia era perfecta, la diosa estaba sentada en una de las mesas y el ángulo de visión era ideal. Después de unos sutiles coqueteos con la mirada,  lo invitó a tomar posesión de la silla vacía que tenía a su lado. Hablaron durante horas enfrascados en una conversación relajada y amena, extraño por otro lado, entre dos personas que acaban de conocerse. La Diosa era como un libro abierto cuyas páginas se dejaban leer con voracidad. Entonces, ella propuso continuar la charla en su casa, vivía muy cerca le comentó, justo a la vuelta de la esquina. No podía creer que la presa cayera tan pronto: este iba a ser un día de suerte. Llegaron al departamento y bebieron con gusto la última copa. Luego, fueron directo a la habitación donde la Diosa se desnudó lentamente mostrándole cada parte del hermoso cuerpo que lo había hechizado horas antes. La belleza  impregnó sus pupilas y se relamió los labios con lujuria. Sin más, se deshizo de la ropa y se abalanzó sobre ella. Al caer en la cama, la Diosa había desaparecido. Con la perplejidad estampada en el rostro, se levantó como un loco sin comprender nada y observó con sorpresa al único ser  que se movía entre las sábanas: un pequeño y tierno ratón blanco. Por primera vez, odió ser  hombre y no gato.



lunes, 16 de junio de 2014

Una pregunta





Viajo en el tren de la vida

Entre estaciones de silencio y pérdida

Entre  amaneceres de crepúsculos pintados

Sentada en el vagón imaginario

                                     recorriendo un planeta que se cierne en si

De infinitos perdidos

Y lunas cuadradas

Soles oscuros

Y estrellas contadas

Dime tú que eres quien sabe

¿Acaso no acaté las normas dictadas?

 

miércoles, 28 de mayo de 2014

La vida es sueño






Dicen que lo sueños reproducen todo lo que nuestro inconsciente sabe y nos esconde. Vidas de pesadilla o ensueño agazapadas tras el abrazo de Morfeo. Pero a veces, “dicen “mal, y lo que antes estaba oculto, se nos muestra violentamente haciendo que cambiemos por completo nuestra perspectiva del mundo y de nuestra vida. No crean que la historia de nuestro protagonista tiene nada especial, una vida, por simple o complicada que sea, no deja de ser una vida; y al igual que casi todo está ya dicho, lo mismo esta vivido. No es el hecho el que la hace más intrigante o más nueva, sino la forma como una la siente o la percibe.
El Sr.Pears, no tenía familia ni parientes cercanos. Tampoco amigos ni mascotas  que cuidar. Su lenguaje era parco y guardaba silencio la mayor parte del día. No tenía nada que decir ni interlocutor interesante con el que hablar, y no por ello crean ustedes que nuestro protagonista era un hombre triste o amargado, muy al contrario: era un anacoreta feliz. Solo carecía de una cosa esencial, el Sr Pears no soñaba. Hubiera dado su vida a cambio de un solo sueño, uno que recordar, que disfrutar o morir  de terror en el, pero no, eso no le había sido dado. He dicho que era feliz, y por supuesto esta afirmación carece de falacia; a pesar de eso, uno no puede obtener la dicha por completo y ese anhelo, concretamente ese, era el que daba carencia a la total plenitud de la vida del Sr.Pears. Se acostaba cada noche con la fe puesta en su deseo, y despertaba cada mañana con la misma decepción: nada, no había soñado nada. Había hablado con médicos, curanderos, herbolarios y Chamanes; en definitiva, con todo  aquel que pudiera darle alguna solución. La respuesta era siempre la misma – Sr Pears, eso que me cuenta no tienen ningún sentido, todos, absolutamente todos, soñamos: Usted sencillamente no lo recuerda. Pero eso no era cierto, el despertaba todas las mañanas como salido de un letargo en negro. Una película velada. Ni una imagen, ni un sonido. Un amanecer de la nada para volver al mundo. Soñaba despierto con el sueño del dormido. Y era tanta su ansia por conocer aquello, que muchas veces, pasaba horas en la cama esperando que el milagro se hiciera realidad.
Una mañana cualquiera de un día cualquiera, el  Sr.Pears se sorprendió  leyendo un extraño anuncio en el periódico.

-           SE RESUELVEN TODO TIPO DE PROBLEMAS TENGAN O NO SOLUCIÓN.

Debajo, una dirección y un número de teléfono. Entre paréntesis concluía,” Incrédulos abstenerse “.
Llamó de inmediato ¿por qué no? Si los supuestos entendidos no le daban solución, tal vez algún charlatán pudiera dársela. Le contestó una voz  de mujer muy agradable, dándole cita para el día siguiente. Esa noche, el Sr Pears, la  pasó en vela soñando despierto con el sueño del dormido.
Llegó puntual, y después de rellenar un breve cuestionario, la misma señorita que le había atendido el día anterior lo pasó a una sala pintada de azul añil intenso. Una voz salida de no se sabe dónde, pregunto:

-           Dígame ¿en qué puedo ayudarlo Sr. Pears?

-           Quiero soñar. Ni que sea una vez en la vida, quiero despertar de un sueño.

-           Regrese a casa Sr, Pears. Esta noche va a tener el sueño de su vida.

Desconcertado, el Sr Pears regresó a su casa con una cara de Imbécil que daba lástima. Comió algo frugal y pasó el resto del día absorto mirando el cielo desde su ventana.
Pero esa noche, nuestro Sr.Pears soñó. ¡Y vaya si soñó! recreó en uno, todos los sueños de una vida. Y lo llevó hasta  los confines de su inconsciente haciéndole disfrutar de las mieles del otro  mundo. Sintió la lujuria del Fauno al despertar de su siesta añorando a las bellas ninfas. Sintió el despertar de la primavera con una explosión de sentimientos desbordados tal, que dieron fin a la vacuidad de la vida que había llevado hasta entonces. Lloró de felicidad y siguió llorando y llorando hasta quedar exhausto. Fue en ese preciso instante, cuando la realidad cayó sobre él aplastándolo y asfixiándolo de sobremanera. El Sr Pears, jamás despertó del coma profundo en el que voluntariamente se había sumido y completo su ciclo.
Dicen algunos, que no solo de sueños vive el hombre. Otros por el contrario, carecen de vida sin ellos.

lunes, 21 de abril de 2014

Ser




Si pudiera desandar el camino andado

                                                              no lo haría

y repetiría cada uno de los pasos

Viacrucis y lujurias

errores y  aciertos

porque ellos esculpieron con sangre

                                                                 al ser

                                                 (que no por menos es más)

tangible y único que habita en mí.

 

Y si los cadáveres dejados en el camino

                                                        volvieran para devorarme

Con gusto les entregaría el cuerpo

Porque cada trozo de carne les pertenece

                                                         ( justo es el banquete entonces )

 

Soy una alegoría de vida y muerte

un ser que se diluye en el lago de los hedonistas

hallando en la nada

las fuerzas para sobrevivir.

 

Y no busco la eternidad

                                                         porque la vida me desborda

dejo el podio de los Dioses

a los que tienen algo que decir

los que entregaron sus vidas a las Itacas

 Nosotros

                  los pertenecientes al inframundo

                                                                                con sentir

                                                                                                        nos sobra y nos basta.




 

viernes, 28 de marzo de 2014

Epístola




Te creé bajo la sombra de la desesperación. Intentaba no hundirme en medio de las tormentas que me acechaban y buscando un salvavidas, te encontré. Debería pedirte perdón por haberte usado sin tu consentimiento, pero pensé: es ridículo pedir disculpas al que se desconoce víctima. Te pido por favor, leas con atención la siguiente carta: entenderás de que estoy hablando.
Rápidamente te incorporaste a mi vida. Hacerte e imaginarte se convirtió en algo deleitable. Mi cotidianeidad, aunque buscada, se había vuelto tediosa y decepcionante. Tú, eras el único capaz de alejarme de todo. Sentirte en mi, era lo que más deseaba en este mundo. Confesarte mis miserias, escuchar tus respuestas sarcásticas y ver esa irónica sonrisa dibujada en tus labios, no solo me reconfortaba: me devolvía el hálito de vida perdido tiempo atrás. Sin palabras ni malentendidos, la tuya, se convirtió en la relación perfecta.
Si me llegaban noticias de ti, al real me refiero, no les prestaba atención alguna. Ese no era el que me acompañaba: incluso admitiendo que físicamente erais igualitos, no me interesabas lo más mínimo. Mi creación, te superaba en todo.
Tu otro, llevaba el mismo nombre que tú pero en diminutivo. Me gustaba decirlo repetidamente. Dejaba en mi boca un sabor que perduraba más allá del instante de la pronunciación.
En lo referente a tu personalidad, obviamente, te hice a mí antojo. De nada carecías y en nada fallabas: eras el compañero de vida perfecto.
Muchas noches, despertaba adueñada por una angustiosa ansiedad y en esos momentos, solo tu voz me relajaba. Escuchaba tus susurros que provocaban en mí una sensación parecida al orgasmo y eso hacía que amaneciera exultante. Luego, preparaba dos cafés: uno doble para ti (había decidido que era tu estimulante preferido) y otro sencillo para mí; los saboreaba y me iba feliz al trabajo.
Pero la realidad se impuso una vez más.
Un día quise leer uno de tus artículos en el diario. Pensé "no hará que mi sueño se desvanezca, yo sé quien es quien". Otro día busque alguno de tus libros y lo leí. Otro asistí a una de tus conferencias. Otro me colé en una de tus clases; hasta me atreví a mandarte algún que otro correo. En fin, mi imaginario fue muriéndose poco a poco y no sin angustia. A veces, creía oír su voz diciéndome: No me abandones, déjalo, él no es real, lo único real somos tú y yo. Pero ya era demasiado tarde. Abandoné a mi pobre creación igual que el niño abandona al juguete que tanto deseó.
Te escribo esta carta porque tu otro yo, desapareció llevándose hasta último de mis sueños. Quería pedirte que si en algún punto de tu mente puedes conectarte con él, le digas que vuelva o que se ponga en contacto conmigo: definitivamente, tú no me sirves.
Gracias por tu tiempo. Y disculpa ahora sí, por la intrusión.
 
Atentamente:
 
Yo, tu íntima desconocida.
 

jueves, 30 de enero de 2014

Poema para mi



                           
 


Alguien susurra mientras los gatos duermen

 la conciencia del tiempo cae

 y los años se tornan segundos.

Realidad irreal creada para seguir en el cuerpo que guarda

 la retina del ojo ya dormido.

Los tiempos se han perdido

en un mundo de Alicias destronadas

como peces asfixiados

nadando en tierras polvorientas sin agua

tal vez sea hora

de regresar al verdadero amor

aullido de fruta prohibida a la mujer pecadora

arrullando a la niña que sigue intacta.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Beatriz



 Beatriz Uribe de Castro pasaba sus horas de una forma un tanto peculiar.  El lugar era indiferente: podía estar en  su casa, en el metro, o en cualquier cafetería de la ciudad creando mundos paralelos cuya única acción transcurría en su mente. Beatriz era completamente ajena a la realidad que la rodeaba. Deambulaba por las calles con la mirada perdida y cuando sentía que la creación del momento la atormentaba, cambiaba de escenario con la misma facilidad con la que uno se cambia de ropa.
En algún momento fue feliz pero eso formaba parte del pasado: un pasado que por otro lado  no deseaba recordar. Si hubiera podido, habría borrado su nombre de todo documento oficial y se habría reinventado de nuevo. Beatriz ¿qué nombre era ese? De origen latino significaba bienaventurada ¡qué ironía! Mejor le hubieran puesto Lilith, la proscrita que se liberó de Adán para estar con su amante; esa si tenía agallas. Abandonada por su marido y sin haber podido engendrar hijo alguno, naufragaba entre la cobardía de la supervivencia y la locura.          
Sus personajes le regalaron el mundo que deseo. Amaba a uno por encima de todos; disfrazada de guadaña tentaba a la  muerte y le hacia un guiño de desprecio. Era la burla perfecta. Pero como dice el Tango” toda carta tiene contra y toda contra se da” y  una fría mañana de otoño, Beatriz fue burlada. Ya no más escenas: el telón cayó frente a ella sin poder evitarlo. Una vecina extrañada por no haberla visto en días,  avisó a la policía. Encontraron su cuerpo  junto a otros cinco cadáveres más esparcidos por la habitación: parecían títeres  salidos de un carnaval dantesco.


viernes, 4 de octubre de 2013

Abre los ojos




Piensa hombre, piensa: ¿Qué hacer en esta situación? Respiro profundo y me relajo. ¡Claro que no! ¿Cómo me voy a relajar? Sudor  frio, palpitaciones, mente en blanco. No puede ser, esto no es real. Piensa.Pienso luego existo. Descartes, sí, fue Descartes. Descartes queda descartado: no le encuentro sentido a la oración, son meros destellos de memoria. Abre los ojos, no es tan difícil. Piensa. ¿Pero si razono es porque estoy pensando, no? Quizás no, quizás solo sean ideas recurrentes. Pero entonces ¿por qué no puedo abrir los ojos? Luz, solo necesito un poco de luz. Oscuridad reticente ¿dónde estoy? Sudor frio, palpitaciones, mente en negro. Escucho pasos, alguien se acerca. ¿Soy? ¿Soy qué? No recuerdo el nombre, sin nombre no soy nada y si no soy nada, no puedo pensar: claro, esto es lo único real. “No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. A parte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo “Tabaquería, Pesssoa; ah sí, ya recuerdo. Sueños, sueño, onírico: palabras redundantes. Abre los ojos ¿no me escuchas? ¡Abre los ojos! No hay salida. Sin sudor frio ni palpitaciones, solo sopor; un sopor que me tranquiliza.  Pasos marcados, sonido fuerte, cercanía. Si, alguien se acerca, lo siento. ¿Lo siento o lo intuyo? No importa, qué más da. Inmovilidad absoluta, cuerpo inerte. Espera,  ya no se escucha nada. El silencio me da pavor; nunca me ha gustado el silencio.  Regresan: pasos firmes. Abre los ojos ¡a-b-r-e-l-o-s! Último intento. Olor a perfume, náuseas, sensación de vómito ahogado. Estruendo, cachetada; pérdida completa de audición. Siento un dolor punzante en la mejilla.
-           Maldito borracho, sacúdete esta cruda de encima; el desayuno está en la mesa y  los niños esperan.
 
Se hizo de día, y con el día la luz y con la luz: la auténtica pesadilla.

lunes, 5 de agosto de 2013

Tres historias de amor y algo más




 “Y yo te pregunto el porqué y tú me respondes con un silencio seco,  largo y eterno: uno atemporal sin principio ni fin. Luego bajas la cabeza y prendes tu cigarro, inhalas el humo con fuerza queriendo absorber hasta el último gramo de nicotina y das media vuelta; y es justo en ese momento, al observar tu silueta de espaldas alejándose de mi hacia la puerta, cuando me doy cuenta que no eres más que un extraño, y yo, probablemente una intrusa habitando un espacio que no me pertenece; y me siento aliviada por haber descubierto al fin la verdad.”
Paula cerró el libro que por azar había encontrado en el banco del parque donde se hallaba, y quedo pensativa durante unos minutos. Concluyó que eso no iba a pasarle a ella: porque tenía dieciocho años, una vida por delante y una gran historia de amor recién empezada que por supuesto, no tendría ese final. Incapaz de imaginar ninguno, creía con todas sus fuerzas que la suya seria eterna; y eso era una verdad absoluta, la verdad que conlleva la irreverencia de la juventud. Paula observo con complicidad a la pareja que tenia enfrente. Pedro y Laura, iban paseando  agarrados de la mano. Se reían y disfrutaban del poco tiempo que podían pasar juntos sintiendo aquellas horas como las únicas que daban sentido a sus vidas; porque después, Laura volvería con su marido y Pedro con su mujer. Seguirían hipócritamente atados a su hastío, escucharían las quejas de sus conyugues y los reproches diarios tan presentes en las  relaciones que agonizan  sin que nadie se atreva a darles el golpe de gracia final; y se refugiarían en la crianza de sus hijos soñando en el próximo encuentro: el que por unas horas, les haría creer que era posible vivir otra realidad menos triste y sombría.
 Y en ese mismo instante, en la otra punta del parque, Rufián, un Bulldog francés gordo y feliz, orinaba placidamente.

lunes, 10 de junio de 2013

El espejo en el espejo




Hacía mucho que había acordado la cita y de nuevo la anulé.  Siempre me sucedía lo mismo: conforme se iba acercando el momento, las excusas se hacían más y más sólidas regalándome pretextos perfectos para hacer la cancelación una vez más; o no me sentía preparado, o no me parecía el momento oportuno o sencillamente (y eso era lo más real de todo) sabía que pasara el tiempo que pasara, él, siempre estaría allí esperándome.
La mañana despertó extrañamente oscura. El cielo se había teñido de  azul grisáceo provocando en mí, una cierta sensación de desaliento. Sin embargo, ese día no encontré razón alguna para no acudir al encuentro. Llevaba tiempo preparándolo todo: la ropa, los zapatos, el corte de pelo y la silla. Era importante este último detalle porque necesitaba sentirme cómodo: no tenía idea de cuánto tiempo iba a durar la conversación, así que mejor ser precavido. El espacio y el lugar  los conocía  de memoria, la escenografía  también; pero sentía curiosidad por saber que tan acicalado se presentaría él ante mí, como habría preparado su personaje para este momento tan importante en la vida de ambos.
Me dirigí al punto de reunión, era una habitación en el subterráneo de la casa. Al abrir la puerta, lo primero que encontré  fue el espejo recubierto con  una sábana blanca. En realidad, ese era todo el mobiliario que había; La silla acabo de completar la decoración. Me acerqué y retiré la sábana lentamente. Este acto lo sentí más bien como un ritual; una manera de prolongar el tiempo previo al encuentro. Deseaba apurar al máximo aquellos últimos segundos porque sabía que después de esto, nada volvería a ser igual.
Con el espejo al descubierto, pude ver claramente su imagen: allí estaba él,  sentado frente a mí como si el tiempo no hubiera transcurrido para ninguno de los dos.

-           No pensé que demoraras tanto nuestra cita

-           Yo tampoco, le contesté.
Hablamos durante horas. Pude encadenar escenas de mi vida voluntariamente suprimidas, y me sentó  bien. Todo fue verbalizándose: errores,  angustias, felicidades y desgracias; mis remordimientos y mis inconfesables, todo. Allí estábamos ambos: él, mi yo y yo, su él, a pecho descubierto.
Cumplimos lo acordado,  él salió del espejo y yo entré; no sin antes desearle la mejor de las suertes y un buen comienzo para su nueva vida. Me miró a los ojos por última vez, esbozó una leve sonrisa y cubrió el espejo de nuevo con la sábana blanca. Lo último que escuché fueron sus pasos, el chirriar de la puerta y un golpe seco; después…  silencio.

 



 

miércoles, 5 de junio de 2013

Manual para el buen dormir solo .






Es importante no olvidar, que quizás nos encontremos ante uno de los actos rutinarios más importantes del día: de ello dependerán las siguientes siete, ocho, o diez horas; el descanso de mente y cuerpo y el humor del despertar matutino.
Póngase frente al lecho y siéntese suavemente sobre este. Acaricie las sabanas, deje que sus manos se deslicen placenteramente sobre la tela. Retire la ropa con delicadeza e introdúzcase en la cama lentamente. Ahora no piense en nada, permita a su cuerpo  acomodarse plácidamente al colchón. Si por un momento, intenta interponerse entre usted y el santuario alguna que otra malintencionada sensación de angustia (piense que estas últimas son tan humanas como el propio cuerpo)  omítala; déjele bien claro que esta es una relación de dos y que los tríos no tiene cabida alguna. Usted y su cama comparten desde hace mucho una concomitancia monógama: esto la persuadirá y la alejará pronto del escenario deleitoso en el que  usted se hallaba.
Llegados a este punto, piense que postura adoptar ante el inminente encuentro con Morfeo: la supina, la contraída, boca abajo, la libre (consta de una mezcla de las tres anteriores) o la enroscada; esta se hará en complicidad con las sábanas. Una vez la decisión haya sido tomada, sienta el pesar de sus párpados. Es bueno en el caso de las mujeres haberse desmaquillado previamente pues podría entorpecer la lánguida caída de ojos requerida en este momento.
 Ahora, solo entréguese apasionadamente al placer de la dormidera y si después de haber seguido el manual no consigue el efecto deseado, no sufra: le recomiendo  acercarse al dispensario más cercano,  seguro que el doctor tendrá a bien recetarle alguna que otra píldora más eficaz que mis consejos.


miércoles, 15 de mayo de 2013

Micro cuentos para no dormir



                              
 Dos mujeres fumando una Shisha


Dos mujeres  en la sala del Bar “punto y final “estaban  fumando una Shisha.
-  Zorra, dijo la una tumbada sobre el sofá de terciopelo verde.

-  Muerta de hambre, respondió la otra sin dejar de mirarla fijamente.

Inhalaron con fuerza sus pipas y  soltaron el humo con rabia la una sobre el rostro de la otra. Un instante después, habían desaparecido sin dejar rastro alguno.

El camarero (esgrimiendo una agradable sonrisa en sus labios) contenía a las parejas  que dé a dos, aguardaban con ansiedad la entrada a la sala.

- No empujen, se que quieren resolver sus problemas: tranquilos, tenemos Shisha para todos.



Razonamiento Psicópata

Con la cabeza muy clara y la sangre muy fría, disparó el arma.
-  ¿ Por que lo has hecho ? preguntó mientras sentía la quemazón de la bala en sus intestinos.

-  Tenía  ganas de matar y tú te pusiste delante.

 El extraño cerró los ojos y murió con cara de estupefacción.

   
 Amor apasionado
Si me amas déjame hacer, le dijo él anudándole el pañuelo de seda al cuello.

Sabes que te amo más que a mi propia vida, respondió ella mientras cerraba los ojos extasiada de placer.
Eso me temía, y apretó el pañuelo con ímpetu hasta dejarla sin respiración.

Me gustas más dormida amor, discúlpame.

lunes, 29 de abril de 2013

El árbol de la vida





Desde niño deseé tener una casa solo para mi. Cuando naces en el seno de una familia numerosa el espacio se vuelve vital. Durante la niñez y parte de la adolescencia compartí habitación con mi hermana menor hasta que pude tener una propia que por otro lado, ni siquiera disfruté porque abandoné el hogar de mis padres a los dieciocho recién cumplidos.
Años más tarde pude comprarla. Me costó encontrar una que se adecuara a mi presupuesto; los trabajos (siempre precarios) no me reportaban un gran sueldo. Adquirí una que cumplía con todos los requisitos: estaba situada en un barrio agradable no muy lejos del centro y tenía dos recámaras,. También contaba con un pequeño jardín que nunca arreglé porque disfrutaba viendo crecer la vegetación a su antojo. Me tumbaba en la hamaca (que estratégicamente había colocado en el centro) y observaba con entretenimiento las nuevas especies que brotaban dia a dia de forma epontanea. Muy pronto una gran variedad de hierbajos  poblaron el lugar.
Una mañana observé un pequeño árbol de unos diez centímetros debajo de mi hamaca. Al día siguiente, esos diez centímetros se habían multiplicado perforandola. Y no solo había crecido en altura, su ancho empezaba a tener un tamaño considerable. Tomé la decisión de cortarlo. Algo que crecía a esa velocidad acabaría por devorar mi vergel antes de una semana.
Al salir del trabajo me acerqué a la tienda para comprar un hacha. Llegué a casa y fui directo al jardín y contemplé con estupor, el inmenso tamaño que había adquirido. Intenté cortarlo pero no si logre hacerle ni un simple rasguño en su corteza. Jamás había visto una especie así. Busqué información para saber a qué familia pertenecía pero no encontré nada al respecto. Decidí probar con pesticidas, solo conseguí un estrepitoso fracaso: el químico acabó con toda la vegetación mientras el árbol seguia intacto.
Unos días más tarde, las raíces habían empezado a romper parte del suelo y las ramas amenazaban con hacerle lo mismo a los cristales de las ventanas que daban al patio. Esa noche me acosté aterrorizado.
Una extraña fragancia me despertó. Era un olor narcotizante. El árbol había florecido y junto con él la casa. Quedé embriagado por completo. Me sentia extrañamente observado. Presentí su deseo hacia mi. Sus las ramas me envolvieron tiernamente igual que los brazos de la madre arrullan al hijo, y acepte mí sacrifico de forma natural ¡a saber qué tipo de olor desprendería yo!

martes, 9 de abril de 2013

El intercambio





Tarde o temprano sus caminos se iban a cruzar. Andaban por la senda del no retorno; allí, los encuentros eran inevitables.

Primero se intuyeron, luego divisaron sus sombras en el horizonte y un poco más adelante, percibieron sus imágenes con nitidez hasta encontrarse uno frente al otro. Los dos estaban exhaustos. Hacía años, al inicio del camino quizá, solo les había importado una cosa: llenar sus fardos vacios. Pero ahora era distinto; los arrastraban con dolor y resignación. Eran incapaces de soltar el lastre. Seguían unidos a ellos como si de otra extremidad se tratara; una prolongación incómoda del propio cuerpo. Su paso lento los había vuelto pacientes y apáticos, permitiéndoles detener el tiempo sin angustia. Vivian con la inercia que conlleva el sentido de supervivencia, eso era todo. Pero después de observarse con detenimiento, un brillo extraño se reflejó en sus ojos. Su codicia muerta resurgió más fuerte que nunca. Desearon con vehemencia el uno el fardo del otro, y sin pensarlo, se abalanzaron para robarse mutuamente. Fue sencillo porque ninguno de los dos opuso resistencia. En unos segundos, sus cargas fueron intercambiadas. Y con los nuevos fardos a cuestas, creyeron sentirse más ligeros: era más fácil caer en la falacia que aceptar la realidad. Ahora, seguirían hasta que el peso regresara, hasta encontrar otra carga que intercambiar; y no sería la última porque el camino carecía de final. Era la senda del no retorno: quien se adentra en ella ya no sale.

domingo, 3 de marzo de 2013

Amnesia leve




-Háganse a un lado. Gritó desesperado.

El porqué se encontraba en aquella situación ya no importaba, ahora todo lo que tenía que hacer era intentar cruzar la barrera humana que le impedía ver lo que estaba sucediendo en el jardín de su casa. Lo logró a fuerza de codazos y empujones, mientras, la gente curiosa observaba la escena con perplejidad.

- Que se aparten he dicho, lárguense todos, nadie les ha dado vela en este entierro.

Esa mañana se había despertado con el mismo tedio de todas las mañanas. Había tomado su ducha y preparado su café con la misma desgana de siempre. Había salido de su casa rumbo a su despacho con el mismo aburrimiento que lo consumía día a día. Cada noche al acostarse, lo único que pedía era un pequeño cambio dentro de su rutina. Y lo pedía porque él era un hombre cobarde, siempre lo había sido, se sabía incapaz de provocar nada: solo anhelaba. Así había transcurrido toda su vida, deseando el suceso, lo anormal, aquello que lo hiciera despertar del sopor en el que estaba inmerso desde que su memoria recordaba.
Sobre la hierba del jardín yacía un cuerpo pálido y desnudo. Un cordón policial lo rodeaba. Con paso lento pero firme, se fue acercando a él. La gente seguía observando en silencio. Un acto reflejo hizo que cerrara los ojos. Cinco policías custodiaban el cadáver. Empezó a sentir un sudor frío, el mismo que recorrió su cuerpo inmovilizándolo y llenándolo de pánico. La sensación de terror se intensificó con el paso de los minutos; fue entonces cuando pudo observar con claridad al muerto que tenía enfrente.
Lo que tanto había estado anhelando se hizo realidad; y recordó. Por una vez decidió dejar de esperar y actuar. Recordó el vaso, recordó los barbitúricos, los pasos hacia la ventana, la caída al vacío y el dulce alivio del que reconoce su fin.

 


 


 

martes, 29 de enero de 2013

La maleta





Una maleta era todo lo que traía consigo. Una maleta vieja y raída portadora de un único tesoro: su vida. Una vida llena de idas y venidas. Una vida sin rumbo fijo, repleta de experiencias y de riquezas no materiales. Fructífera a su manera de entender, inútil a la manera de entender de la mayoría. Nunca se opuso a nada y nada se opuso a él. Era la síntesis misma del “vive y deja vivir “: un concepto básico para la supervivencia, decía siempre.
Tenía un aspecto desaliñado. Jamás le preocupó lucir bien. Era hombre de intensa mirada, pelo canoso y piel morena. Tuvo suerte con las mujeres, no con el amor. No lo amaron como a le hubiera gustado y no las amó como ellas hubieran querido; un desencuentro constante, que no insatisfactorio. Había viajado por medio mundo y vivido en infinidad de lugares. Para bien o para mal de todos había aprendido y a todos llevaba en la memoria.
¿Que nos queda en realidad si no los recuerdos? Ellos nos asesinan y nos reviven a su antojo. No le importaba ser un inadaptado, un excluido, un “clochard ". Frente a el, la concurrencia siempre mostraba una sonrisa sarcástica e irónica, entonces daba media vuelta y les obsequiaba con una elegante reverencia o una fabulosa imagen de sus nalgas, dependiendo del humor del momento.
Pero nada dura para siempre y llego el día en que la vieja maleta no aguantó más. Se rompió y todo quedó desparramado por el suelo. No le dio tiempo a recoger nada, cuatro zarrapastroso que andaban perdidos por la calle se afanaron en robar lo poco que había. Adiós a su pequeño tesoro, adiós a sus pertenencias, adiós a su vida. Un momento ¿adiós?, no, claro que no. Hoy era el día idóneo para empezar de nuevo. Dio media vuelta y se fue por el camino contrario.


jueves, 17 de enero de 2013

Vida








Cristal de agua sin reflejo


imagen guardada en la retina dormida


visión irreal de la esencia

                                  mecida en brazos del descanso

                                                                              en movimiento continuo


Del otoño cercano


sin pavor se abre la puerta


Último elíseo
                                       anhelo eterno

 Déjà vu y vuelta
                                       al inicio incierto.





 

 

jueves, 22 de noviembre de 2012

Diario de ...





"Pasa, no tengas miedo. Perdí la voz hace mucho, ya no pueden herirte mis palabras."

 Uno cree que las sombras sin luz desaparecen; mentira. Las sombras son permanentes, como el lápiz que no se borra, como el hielo que no se derrite, como el papel que no se rompe. En algún momento me di cuenta que las cosas no eran tal y como las había aprendido. Fue mi renacimiento, mi desaprender, el despertar de mi (no) consciencia. Una vida no vivida, fantasmal e incoherente pero más real que la propia realidad. Percibir lo apercibido, lo inexistente y lo negado. Caminar sin prisas. Arrastrar las cadenas sin peso y los recuerdos sin dolor. Advertir el no olor de las cosas, la no silueta de los objetos; El Difuminado, esa sería la palabra correcta. Toda la gama de la inexactitud. Trasmutar lo que hasta el momento se suponía cierto. Un peregrino “Ligero de equipaje”, como diría el poeta. Deambular por el camino andado sin hacer preguntas; ya se conocen las respuestas. Sencillamente, vagar por la eternidad hasta el fin.

Texto extraído del diario de un fantasma (El no muerto).

 
                     



jueves, 8 de noviembre de 2012

Sino


Te partes en dos, para vivir el tres
Aquel que nunca cuenta

El que se esconde detrás de las puertas

                                  sigilosamente silencioso

El que ni se percibe ni se siente
 
Al que por miedo 
                                   nadie nombra
                                   
El único realmente cierto

Final del camino 
                                   Hades
¿Destino lo llamas?
                                    Quien sabe.

miércoles, 17 de octubre de 2012

La búsqueda




Quería realizar un acto de introspección y me encontré deambulando dentro de mi propio cuerpo. Yo, como gusano diminuto viajando a través de mi sangre. La verdad me sentí muy bien, era como haber encontrado al fin mi hábitat natural.
Con una temperatura notablemente agradable, carente de frío o calor, me dejé llevar sin más por la experiencia del momento. Me costó acomodar la vista al principio. El rojo de la sangre predominaba sobre los demás tonos pero no era molesto y andar por los tejidos blandos se hacía poco cansado, era como dar saltos sobre una cama elástica. En definitiva, mi introspección estaba siendo de lo más entretenida.
Andaba yo en mis cavilaciones, cuando me vi rodeada por infinitos destellos luminosos cosquilleándome con su corriente. Tomé consciencia de inmediato. Estaba dentro de mi cerebro: el Dios omnipotente de todas mis ideas, mis emociones, mis recuerdos, mis verdades y mis mentiras. Pronto tuve un deseo irrefrenable de encontrar algo ¿Cuál era ese neurotransmisor relacionado con la sensación de felicidad ? Ah sí, ya lo veo. Un gran cartel con luces de neón llevaba escrito su nombre: DOPAMINA. Me lancé con ansia ingiriendo toda la cantidad que mi gusanil cuerpo me permitió, hasta que la sensación de placer me sació por completo. Ese, era el único Dios que necesitaba.
Segundos después una voz rompió mi estado de éxtasis.
- Sra Lopez, sus pastillas.
Abrí mis ojos, y vi a esa mujer que se me hacía extrañamente familiar sonriéndome. Miré la bata blanca y pude leer con claridad :
Enfermera Hildegarda González. Hospital Psiquiátrico Nuestra señora del Rosario.