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martes, 8 de mayo de 2012

El Aprendizdetodoymaestrodenada




 

El Aprendizdetodoymaestrodenada despertó un día cualquiera, de un mes cualquiera de un año cualquiera, en un lugar cualquiera de este planeta llamado Tierra. Como todas las mañanas, esbozó una gran sonrisa, se desperezó y soltó un enorme y sonoro bostezo.

-Buenos nuevos días, se dijo para sí.

Como siempre, el Aprendizdetodoymaestrodenada preparó su pantagruélico desayuno para empezar el día con ímpetu. Terminado el banquete se dirigió hacia su despacho donde atendía diariamente.
Un hombre con Camisa negra, pantalón negro, corbata negra y americana negra esperaba tras la puerta .Estaba ya muy acostumbrado a verlos con ese atuendo.

-Buenos días, ¿el Aprendizdetodoymaestrodenada, supongo?…

-Efectivamente soy yo, dijo sonriendo cortesmente. ¿En qué puedo ayudarle?

- Tengo una pregunta para usted. Verá, yo soy un maestro docto en la materia que he estudiado.
 
Me he pasado la vida entre libros, muchos dicen que soy un erudito, nadie sabe más que yo acerca de la misma. Después de pasar toda mi vida dedicado a su conocimento absoluto, ahora me siento vacío. En realidad debo reconocer que hace tiempo que dejó de interesarme la materia en cuestión, incluso confieso haberla aborrecido.
Pensé que quizás siendo usted el Aprendizdetodoymaestrodenada, podría ayudarme a encontrar algo que pudiera interesarme, algo a lo que entregarme y sentir de nuevo un poco de apego a la vida.
El Aprendizdetodoymestrodenada lo miró pausada y detenidamente. Observó su rostro envejecido, sus ojos hundidos y la mirada perdida en un punto sin retorno.

-Podría darle mucho pero usted no recibiría nada. No volverá a apasionarse de la misma forma.

Nada le hará sentir igual de vivo. Su mundo se cerró. Podía haber aprendido mucho pero decidió ser maestro de poco, en el fondo ni siquiera fue su pasión, solo un gran lastre que arrastró año tras año, eso es lo más triste. Ahora cuando salga de mi despacho, la bella muerte le estará esperando, eso ya lo sabía usted, yo no puedo cambiar lo inevitable. Entréguese a ella con vehemencia, tal y como se entrego al estudio de su materia, quizás así, pueda terminar su vida sin sensación de hastío.
El hombre bajo la mirada y se dirigió hacia la puerta. La bella muerte lo estaba esperando. El Aprendizdetodoymaestrodenada suspiro profundamente y se preparó para recibir al siguiente desahuciado.

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