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sábado, 25 de agosto de 2012

Sin un adiós.




Una gran verdad, es que nuestro tiempo no es indefinido ni infinito.

 

Dejó que la corriente de aire se lo llevara suavemente, con armonía, bailando un pequeño vals dentro de la "Nada”. Con ausencia total de pesar o de angustia. Un simple dejarse ir. No importaba donde. Sin metas ni realidades más allá del propio momento. Un solo instante que resumía una vida. Quizás dos, tres, cuatro. ¿Quién sabe? qué más da. Dejarse llevar, eso era todo.
Ir menguando despacio. Primero, casi imperceptiblemente. Después, aceleradamente hasta dejar de ser.
Como todas las mañanas, ella entró en la habitación para darle el beso de buenos días. Ese día
Sin embargo, sintió la gélida piel sobre sus labios. Entendió al instante que el ya no estaba. No derramó una sola lágrima. Lo miró tiernamente y observó la dulce sonrisa dibujada en su rostro.

- Espérame. No tardo. Pronto me reuniré contigo - Le susurró tiernamente al oído.

Fueron las últimas palabras que pronunció




                                                       






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