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miércoles, 17 de octubre de 2012

La búsqueda




Quería realizar un acto de introspección y me encontré deambulando dentro de mi propio cuerpo. Yo, como gusano diminuto viajando a través de mi sangre. La verdad me sentí muy bien, era como haber encontrado al fin mi hábitat natural.
Con una temperatura notablemente agradable, carente de frío o calor, me dejé llevar sin más por la experiencia del momento. Me costó acomodar la vista al principio. El rojo de la sangre predominaba sobre los demás tonos pero no era molesto y andar por los tejidos blandos se hacía poco cansado, era como dar saltos sobre una cama elástica. En definitiva, mi introspección estaba siendo de lo más entretenida.
Andaba yo en mis cavilaciones, cuando me vi rodeada por infinitos destellos luminosos cosquilleándome con su corriente. Tomé consciencia de inmediato. Estaba dentro de mi cerebro: el Dios omnipotente de todas mis ideas, mis emociones, mis recuerdos, mis verdades y mis mentiras. Pronto tuve un deseo irrefrenable de encontrar algo ¿Cuál era ese neurotransmisor relacionado con la sensación de felicidad ? Ah sí, ya lo veo. Un gran cartel con luces de neón llevaba escrito su nombre: DOPAMINA. Me lancé con ansia ingiriendo toda la cantidad que mi gusanil cuerpo me permitió, hasta que la sensación de placer me sació por completo. Ese, era el único Dios que necesitaba.
Segundos después una voz rompió mi estado de éxtasis.
- Sra Lopez, sus pastillas.
Abrí mis ojos, y vi a esa mujer que se me hacía extrañamente familiar sonriéndome. Miré la bata blanca y pude leer con claridad :
Enfermera Hildegarda González. Hospital Psiquiátrico Nuestra señora del Rosario.

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