Iba a cruzar la calle cuando la vio. Al instante quedo
embelesado por el contorneo de sus
caderas y las finas agujas de sus
tacones. La Diosa, marchaba al compás de los Tambores de la selva urbana luciendo un ceñidísimo
vestido de satén blanco que realzaba de sobremanera su figura. ¿Cómo podía concentrarse tanta belleza en un
solo cuerpo? Para un eterno seductor como él, ese sería un día de caza estimulante. Decidió
seguirla rastreando su olor igual que un
felino a su presa. Luego de un corto trayecto, la Diosa entró a un café cuya
fachada quedaba rotulada con un nombre en francés: “les gent qui j’aime” .Esperó
unos segundos y fue tras ella. Se acomodó en la barra y después de pedir un
whisky observó con deleite a la presa. La distancia era perfecta, la diosa
estaba sentada en una de las mesas y el ángulo de visión era ideal. Después de
unos sutiles coqueteos con la mirada, lo
invitó a tomar posesión de la silla vacía que tenía a su lado. Hablaron durante
horas enfrascados en una conversación relajada y amena, extraño por otro lado,
entre dos personas que acaban de conocerse. La Diosa era como un libro abierto
cuyas páginas se dejaban leer con voracidad. Entonces, ella propuso continuar
la charla en su casa, vivía muy cerca le comentó, justo a la vuelta de la
esquina. No podía creer que la presa cayera tan pronto: este iba a ser un día
de suerte. Llegaron al departamento y bebieron con gusto la última copa. Luego,
fueron directo a la habitación donde la Diosa se desnudó lentamente mostrándole
cada parte del hermoso cuerpo que lo había hechizado horas antes. La belleza impregnó sus pupilas y se relamió los labios
con lujuria. Sin más, se deshizo de la ropa y se abalanzó sobre ella. Al caer
en la cama, la Diosa había desaparecido. Con la perplejidad estampada en el
rostro, se levantó como un loco sin comprender nada y observó con sorpresa al
único ser que se movía entre las
sábanas: un pequeño y tierno ratón blanco. Por primera vez, odió ser hombre y no gato.
jueves, 24 de julio de 2014
lunes, 16 de junio de 2014
Una pregunta
Viajo en el tren de la
vida
Entre estaciones de silencio
y pérdida
Entre amaneceres de crepúsculos pintados
Sentada en el vagón
imaginario
recorriendo
un planeta que se cierne en si
De infinitos perdidos
Y lunas cuadradas
Soles oscuros
Y estrellas contadas
Dime tú que eres quien
sabe
¿Acaso no acaté las
normas dictadas?
miércoles, 28 de mayo de 2014
La vida es sueño
Dicen que lo sueños
reproducen todo lo que nuestro inconsciente sabe y nos esconde. Vidas de
pesadilla o ensueño agazapadas tras el abrazo de Morfeo. Pero a veces, “dicen “mal,
y lo que antes estaba oculto, se nos muestra violentamente haciendo que cambiemos
por completo nuestra perspectiva del mundo y de nuestra vida. No crean que la
historia de nuestro protagonista tiene nada especial, una vida, por simple o
complicada que sea, no deja de ser una vida; y al igual que casi todo está ya
dicho, lo mismo esta vivido. No es el hecho el que la hace más intrigante o más
nueva, sino la forma como una la siente o la percibe.
El Sr.Pears, no tenía
familia ni parientes cercanos. Tampoco amigos ni mascotas que cuidar. Su lenguaje era parco y
guardaba silencio la mayor parte del día. No tenía nada que decir ni
interlocutor interesante con el que hablar, y no por ello crean ustedes que
nuestro protagonista era un hombre triste o amargado, muy al contrario: era un
anacoreta feliz. Solo carecía de una cosa esencial, el Sr Pears no soñaba.
Hubiera dado su vida a cambio de un solo sueño, uno que recordar, que disfrutar
o morir de terror en el, pero no, eso no
le había sido dado. He dicho que era feliz, y por supuesto esta afirmación
carece de falacia; a pesar de eso, uno no puede obtener la dicha por completo y
ese anhelo, concretamente ese, era el que daba carencia a la total plenitud de
la vida del Sr.Pears. Se acostaba cada noche con la fe puesta en su deseo, y
despertaba cada mañana con la misma decepción: nada, no había soñado nada.
Había hablado con médicos, curanderos, herbolarios y Chamanes; en definitiva,
con todo aquel que pudiera darle alguna solución.
La respuesta era siempre la misma – Sr Pears, eso que me cuenta no tienen
ningún sentido, todos, absolutamente todos, soñamos: Usted sencillamente no lo
recuerda. Pero eso no era cierto, el despertaba todas las mañanas como salido
de un letargo en negro. Una película velada. Ni una imagen, ni un sonido. Un
amanecer de la nada para volver al mundo. Soñaba despierto con el sueño del
dormido. Y era tanta su ansia por conocer aquello, que muchas veces, pasaba
horas en la cama esperando que el
milagro se hiciera realidad.Una mañana cualquiera de un día cualquiera, el Sr.Pears se sorprendió leyendo un extraño anuncio en el periódico.
-
SE RESUELVEN
TODO TIPO DE PROBLEMAS TENGAN O NO SOLUCIÓN.
Debajo, una dirección y
un número de teléfono. Entre paréntesis concluía,” Incrédulos abstenerse “.
Llamó de inmediato ¿por
qué no? Si los supuestos entendidos no le daban solución, tal vez algún
charlatán pudiera dársela. Le contestó una voz
de mujer muy agradable, dándole cita para el día siguiente. Esa noche,
el Sr Pears, la pasó en vela soñando
despierto con el sueño del dormido.Llegó puntual, y después de rellenar un breve cuestionario, la misma señorita que le había atendido el día anterior lo pasó a una sala pintada de azul añil intenso. Una voz salida de no se sabe dónde, pregunto:
-
Dígame ¿en qué
puedo ayudarlo Sr. Pears?
-
Quiero soñar.
Ni que sea una vez en la vida, quiero despertar de un sueño.
-
Regrese a
casa Sr, Pears. Esta noche va a tener el sueño de su vida.
Desconcertado, el Sr
Pears regresó a su casa con una cara de Imbécil que daba lástima. Comió algo
frugal y pasó el resto del día absorto mirando el cielo desde su ventana.
Pero esa noche, nuestro
Sr.Pears soñó. ¡Y vaya si soñó! recreó en uno, todos los sueños de una vida. Y
lo llevó hasta los confines de su
inconsciente haciéndole disfrutar de las mieles del otro mundo. Sintió la lujuria del Fauno al despertar
de su siesta añorando a las bellas ninfas. Sintió el despertar de la
primavera con una explosión de sentimientos desbordados tal, que dieron fin a
la vacuidad de la vida que había llevado hasta entonces. Lloró de felicidad y
siguió llorando y llorando hasta quedar exhausto. Fue en ese preciso instante,
cuando la realidad cayó sobre él aplastándolo y asfixiándolo de sobremanera. El
Sr Pears, jamás despertó del coma profundo en el que voluntariamente se había
sumido y completo su ciclo.Dicen algunos, que no solo de sueños vive el hombre. Otros por el contrario, carecen de vida sin ellos.
lunes, 21 de abril de 2014
Ser
Si pudiera desandar el camino andado
no lo haría
y repetiría cada uno de los pasos
Viacrucis y lujurias
errores y aciertos
porque ellos esculpieron con sangre
al ser
(que no por menos es más)
tangible
y único que habita en mí.
Y si los cadáveres dejados en el camino
volvieran para devorarme
Con gusto les entregaría el cuerpo
Porque cada trozo de carne les pertenece
( justo es el banquete entonces )
Soy una alegoría de vida y muerte
un ser que se diluye en el lago de los
hedonistas
hallando en la nada
las fuerzas para sobrevivir.
Y no busco la eternidad
porque la vida me desborda
dejo el podio de los Dioses
a
los que tienen algo que decir
los
que entregaron sus vidas a las Itacas
Nosotros
los pertenecientes al
inframundo
con
sentir
nos sobra y nos basta.
viernes, 28 de marzo de 2014
Epístola
Te creé bajo
la sombra de la desesperación. Intentaba no hundirme en medio de las tormentas
que me acechaban y buscando un salvavidas, te encontré. Debería pedirte perdón
por haberte usado sin tu consentimiento, pero pensé: es ridículo pedir
disculpas al que se desconoce víctima. Te pido por favor, leas con atención la
siguiente carta: entenderás de que estoy hablando.
Rápidamente
te incorporaste a mi vida. Hacerte e imaginarte se convirtió en algo
deleitable. Mi cotidianeidad, aunque buscada, se había vuelto tediosa y
decepcionante. Tú, eras el único capaz de alejarme de todo. Sentirte en mi, era
lo que más deseaba en este mundo. Confesarte mis miserias, escuchar tus
respuestas sarcásticas y ver esa irónica sonrisa dibujada en tus labios, no solo
me reconfortaba: me devolvía el hálito de vida perdido tiempo atrás. Sin
palabras ni malentendidos, la tuya, se convirtió en la relación perfecta.
Si me
llegaban noticias de ti, al real me refiero, no les prestaba atención alguna.
Ese no era el que me acompañaba: incluso admitiendo que físicamente erais
igualitos, no me interesabas lo más mínimo. Mi creación, te superaba en todo.
Tu otro,
llevaba el mismo nombre que tú pero en diminutivo. Me gustaba decirlo
repetidamente. Dejaba en mi boca un sabor que perduraba más allá del instante
de la pronunciación.
En lo
referente a tu personalidad, obviamente, te hice a mí antojo. De nada carecías
y en nada fallabas: eras el compañero de vida perfecto.
Muchas
noches, despertaba adueñada por una angustiosa ansiedad y en esos momentos,
solo tu voz me relajaba. Escuchaba tus susurros que provocaban en mí una
sensación parecida al orgasmo y eso hacía que amaneciera exultante. Luego,
preparaba dos cafés: uno doble para ti (había decidido que era tu estimulante
preferido) y otro sencillo para mí; los saboreaba y me iba feliz al trabajo.
Pero la
realidad se impuso una vez más.
Un día quise
leer uno de tus artículos en el diario. Pensé "no hará que mi sueño se
desvanezca, yo sé quien es quien". Otro día busque alguno de tus libros y
lo leí. Otro asistí a una de tus conferencias. Otro me colé en una de tus
clases; hasta me atreví a mandarte algún que otro correo. En fin, mi imaginario
fue muriéndose poco a poco y no sin angustia. A veces, creía oír su voz diciéndome:
No me abandones, déjalo, él no es real, lo único real somos tú y yo. Pero ya
era demasiado tarde. Abandoné a mi pobre creación igual que el niño abandona al
juguete que tanto deseó.
Te escribo
esta carta porque tu otro yo, desapareció llevándose hasta último de mis
sueños. Quería pedirte que si en algún punto de tu mente puedes conectarte con
él, le digas que vuelva o que se ponga en contacto conmigo: definitivamente, tú
no me sirves.
Gracias por
tu tiempo. Y disculpa ahora sí, por la intrusión.
Atentamente:
Yo, tu
íntima desconocida.
jueves, 30 de enero de 2014
Poema para mi
Alguien susurra mientras los gatos duermen
la conciencia del tiempo cae
y los años se tornan segundos.
Realidad irreal creada para seguir en el cuerpo que guarda
la retina del ojo ya dormido.
Los tiempos se han perdido
en un mundo de Alicias destronadas
como peces asfixiados
nadando en tierras polvorientas sin agua
tal vez sea hora
de regresar al verdadero amor
aullido de fruta prohibida a la mujer pecadora
arrullando a la niña que sigue intacta.
lunes, 9 de diciembre de 2013
Beatriz
Beatriz Uribe de Castro pasaba sus horas de
una forma un tanto peculiar. El lugar
era indiferente: podía estar en su casa,
en el metro, o en cualquier cafetería de la ciudad creando mundos paralelos
cuya única acción transcurría en su mente. Beatriz era completamente ajena a la
realidad que la rodeaba. Deambulaba por las calles con la mirada perdida y
cuando sentía que la creación del momento la atormentaba, cambiaba de escenario
con la misma facilidad con la que uno se cambia de ropa.
En algún
momento fue feliz pero eso formaba parte del pasado: un pasado que por otro
lado no deseaba recordar. Si hubiera
podido, habría borrado su nombre de todo documento oficial y se habría
reinventado de nuevo. Beatriz ¿qué nombre era ese? De origen latino significaba
bienaventurada ¡qué ironía! Mejor le hubieran puesto Lilith, la proscrita que
se liberó de Adán para estar con su amante; esa si tenía agallas. Abandonada
por su marido y sin haber podido engendrar hijo alguno, naufragaba
entre la cobardía de la supervivencia y la locura. Sus personajes le regalaron el mundo que deseo. Amaba a uno por encima de todos; disfrazada de guadaña tentaba a la muerte y le hacia un guiño de desprecio. Era la burla perfecta. Pero como dice el Tango” toda carta tiene contra y toda contra se da” y una fría mañana de otoño, Beatriz fue burlada. Ya no más escenas: el telón cayó frente a ella sin poder evitarlo. Una vecina extrañada por no haberla visto en días, avisó a la policía. Encontraron su cuerpo junto a otros cinco cadáveres más esparcidos por la habitación: parecían títeres salidos de un carnaval dantesco.
viernes, 4 de octubre de 2013
Abre los ojos
Piensa hombre, piensa: ¿Qué hacer en esta situación? Respiro
profundo y me relajo. ¡Claro que no! ¿Cómo me voy a relajar? Sudor frio, palpitaciones, mente en blanco. No
puede ser, esto no es real. Piensa.Pienso luego existo. Descartes, sí, fue
Descartes. Descartes queda descartado: no le encuentro sentido a la oración, son
meros destellos de memoria. Abre los ojos, no es tan difícil. Piensa. ¿Pero si
razono es porque estoy pensando, no? Quizás no, quizás solo sean ideas recurrentes.
Pero entonces ¿por qué no puedo abrir los ojos? Luz, solo necesito un poco de luz.
Oscuridad reticente ¿dónde estoy? Sudor frio, palpitaciones, mente en negro.
Escucho pasos, alguien se acerca. ¿Soy? ¿Soy qué? No recuerdo el nombre, sin
nombre no soy nada y si no soy nada, no puedo pensar: claro, esto es lo único
real. “No soy nada. Nunca seré nada. No puedo querer ser nada. A parte de eso,
tengo en mí todos los sueños del mundo “Tabaquería, Pesssoa; ah sí, ya recuerdo.
Sueños, sueño, onírico: palabras redundantes. Abre los ojos ¿no me escuchas? ¡Abre
los ojos! No hay salida. Sin sudor frio ni
palpitaciones, solo sopor; un sopor que me tranquiliza. Pasos marcados, sonido fuerte, cercanía. Si,
alguien se acerca, lo siento. ¿Lo siento o lo intuyo? No importa, qué más da.
Inmovilidad absoluta, cuerpo inerte. Espera,
ya no se escucha nada. El silencio me da pavor; nunca me ha gustado el
silencio. Regresan: pasos firmes. Abre
los ojos ¡a-b-r-e-l-o-s! Último intento. Olor a perfume, náuseas, sensación de
vómito ahogado. Estruendo, cachetada; pérdida completa de audición. Siento un
dolor punzante en la mejilla.
-
Maldito borracho, sacúdete esta cruda de encima;
el desayuno está en la mesa y los niños
esperan.
Se hizo de día, y con el día la luz y con la luz: la
auténtica pesadilla.
lunes, 5 de agosto de 2013
Tres historias de amor y algo más
“Y yo te pregunto el
porqué y tú me respondes con un silencio seco, largo y eterno: uno atemporal sin principio ni
fin. Luego bajas la cabeza y prendes tu cigarro, inhalas el humo con fuerza
queriendo absorber hasta el último gramo de nicotina y das media vuelta; y es
justo en ese momento, al observar tu silueta de espaldas alejándose de mi hacia
la puerta, cuando me doy cuenta que no eres más que un extraño, y yo,
probablemente una intrusa habitando un espacio que no me pertenece; y me siento
aliviada por haber descubierto al fin la verdad.”
Paula cerró el libro que por azar había encontrado en el
banco del parque donde se hallaba, y quedo pensativa durante unos minutos.
Concluyó que eso no iba a pasarle a ella: porque tenía dieciocho años, una vida por delante y una gran historia
de amor recién empezada que por supuesto, no tendría ese final. Incapaz de
imaginar ninguno, creía con todas sus fuerzas que la suya seria eterna; y eso
era una verdad absoluta, la verdad que conlleva la irreverencia de la juventud. Paula observo con complicidad a la pareja que tenia enfrente. Pedro y Laura, iban paseando agarrados de la mano. Se reían y
disfrutaban del poco tiempo que podían pasar juntos sintiendo aquellas horas
como las únicas que daban sentido a sus vidas; porque después, Laura volvería
con su marido y Pedro con su mujer. Seguirían hipócritamente atados a su hastío,
escucharían las quejas de sus conyugues y los reproches diarios tan presentes
en las relaciones que agonizan sin que nadie se atreva a darles el golpe de
gracia final; y se refugiarían en la crianza de sus hijos soñando en el próximo
encuentro: el que por unas horas, les haría creer que era posible vivir otra
realidad menos triste y sombría.
Y en ese mismo
instante, en la otra punta del parque, Rufián, un Bulldog francés gordo y
feliz, orinaba placidamente.
lunes, 10 de junio de 2013
El espejo en el espejo
Hacía mucho que había acordado la cita y de nuevo la anulé. Siempre me sucedía lo mismo: conforme se iba
acercando el momento, las excusas se hacían más y más sólidas regalándome
pretextos perfectos para hacer la cancelación una vez más; o no me sentía
preparado, o no me parecía el momento oportuno o sencillamente (y eso era lo más
real de todo) sabía que pasara el tiempo que pasara, él, siempre estaría allí
esperándome.
La mañana despertó extrañamente oscura. El cielo se había
teñido de azul grisáceo provocando en mí,
una cierta sensación de desaliento. Sin embargo, ese día no encontré razón
alguna para no acudir al encuentro. Llevaba tiempo preparándolo todo: la ropa,
los zapatos, el corte de pelo y la silla. Era importante este último detalle porque
necesitaba sentirme cómodo: no tenía idea de cuánto tiempo iba a durar la
conversación, así que mejor ser precavido. El espacio y el lugar los conocía de memoria, la escenografía también; pero sentía curiosidad por saber que
tan acicalado se presentaría él ante mí, como habría preparado su personaje
para este momento tan importante en la vida de ambos.Me dirigí al punto de reunión, era una habitación en el subterráneo de la casa. Al abrir la puerta, lo primero que encontré fue el espejo recubierto con una sábana blanca. En realidad, ese era todo el mobiliario que había; La silla acabo de completar la decoración. Me acerqué y retiré la sábana lentamente. Este acto lo sentí más bien como un ritual; una manera de prolongar el tiempo previo al encuentro. Deseaba apurar al máximo aquellos últimos segundos porque sabía que después de esto, nada volvería a ser igual.
Con el espejo al descubierto, pude ver claramente su imagen: allí estaba él, sentado frente a mí como si el tiempo no hubiera transcurrido para ninguno de los dos.
-
No pensé que demoraras tanto nuestra cita
-
Yo tampoco, le contesté.
Hablamos durante horas. Pude encadenar escenas de mi vida
voluntariamente suprimidas, y me sentó bien.
Todo fue verbalizándose: errores, angustias,
felicidades y desgracias; mis remordimientos y mis inconfesables, todo. Allí
estábamos ambos: él, mi yo y yo, su él, a pecho descubierto.Cumplimos lo acordado, él salió del espejo y yo entré; no sin antes desearle la mejor de las suertes y un buen comienzo para su nueva vida. Me miró a los ojos por última vez, esbozó una leve sonrisa y cubrió el espejo de nuevo con la sábana blanca. Lo último que escuché fueron sus pasos, el chirriar de la puerta y un golpe seco; después… silencio.
miércoles, 5 de junio de 2013
Manual para el buen dormir solo .
Es importante no olvidar, que quizás nos encontremos ante
uno de los actos rutinarios más importantes del día: de ello dependerán las
siguientes siete, ocho, o diez horas; el descanso de mente y cuerpo y el
humor del despertar matutino.
Póngase frente al lecho y siéntese suavemente sobre este.
Acaricie las sabanas, deje que sus manos se deslicen placenteramente sobre la
tela. Retire la ropa con delicadeza e introdúzcase en la cama lentamente. Ahora
no piense en nada, permita a su cuerpo
acomodarse plácidamente al colchón. Si por un momento, intenta
interponerse entre usted y el santuario alguna que otra malintencionada
sensación de angustia (piense que estas últimas son tan humanas como el propio
cuerpo) omítala; déjele bien claro que
esta es una relación de dos y que los tríos no tiene cabida alguna. Usted y su
cama comparten desde hace mucho una concomitancia monógama: esto la persuadirá
y la alejará pronto del escenario deleitoso en el que usted se hallaba.
Llegados a este punto, piense que postura adoptar ante el
inminente encuentro con Morfeo: la supina, la contraída, boca abajo, la libre
(consta de una mezcla de las tres anteriores) o la enroscada; esta se hará en
complicidad con las sábanas. Una vez la decisión haya sido tomada, sienta el
pesar de sus párpados. Es bueno en el caso de las mujeres
haberse desmaquillado previamente pues podría entorpecer la lánguida caída de ojos
requerida en este momento.
Ahora, solo
entréguese apasionadamente al placer de la dormidera y si después de haber
seguido el manual no consigue el efecto deseado, no sufra: le recomiendo acercarse al dispensario más cercano, seguro que el doctor tendrá a bien recetarle alguna que otra
píldora más eficaz que mis consejos.
miércoles, 15 de mayo de 2013
Micro cuentos para no dormir
Dos mujeres fumando una Shisha
Dos mujeres en la
sala del Bar “punto y final “estaban
fumando una Shisha.
- Zorra, dijo la una
tumbada sobre el sofá de terciopelo verde.- Muerta de hambre, respondió la otra sin dejar de mirarla fijamente.
Inhalaron con fuerza sus pipas y soltaron el humo con rabia la una sobre el rostro de la otra. Un instante después, habían desaparecido sin dejar rastro alguno.
El camarero (esgrimiendo una agradable sonrisa en sus labios) contenía a las parejas que dé a dos, aguardaban con ansiedad la entrada a la sala.
- No empujen, se que quieren resolver sus problemas: tranquilos, tenemos Shisha para todos.
Razonamiento Psicópata
Con la cabeza muy clara y la sangre muy fría, disparó el
arma.
- ¿
Por que lo has hecho ? preguntó mientras sentía
la quemazón de la bala en sus intestinos.- Tenía ganas de matar y tú te pusiste delante.
El extraño cerró los ojos y murió con cara de estupefacción.
Sabes que te amo más que a mi propia vida, respondió ella
mientras cerraba los ojos extasiada de placer.
Eso me temía, y apretó el pañuelo con ímpetu hasta dejarla
sin respiración.
Me gustas más dormida amor, discúlpame.
lunes, 29 de abril de 2013
El árbol de la vida
Desde niño deseé tener una casa solo para mi. Cuando naces en el seno de una familia numerosa el espacio se vuelve vital. Durante la niñez y parte de la adolescencia compartí habitación con mi hermana menor hasta que pude tener una propia que por otro lado, ni siquiera disfruté porque abandoné el hogar de mis padres a los dieciocho recién cumplidos.
Años más tarde pude comprarla. Me costó encontrar una que se adecuara a mi presupuesto; los trabajos (siempre precarios) no me reportaban un gran sueldo. Adquirí una que cumplía con todos los requisitos: estaba situada en un barrio agradable no muy lejos del centro y tenía dos recámaras,. También contaba con un pequeño jardín que nunca arreglé porque disfrutaba viendo crecer la vegetación a su antojo. Me tumbaba en la hamaca (que estratégicamente había colocado en el centro) y observaba con entretenimiento las nuevas especies que brotaban dia a dia de forma epontanea. Muy pronto una gran variedad de hierbajos poblaron el lugar.
Una mañana observé un pequeño árbol de unos diez centímetros debajo de mi hamaca. Al día siguiente, esos diez centímetros se habían multiplicado perforandola. Y no solo había crecido en altura, su ancho empezaba a tener un tamaño considerable. Tomé la decisión de cortarlo. Algo que crecía a esa velocidad acabaría por devorar mi vergel antes de una semana.
Al salir del trabajo me acerqué a la tienda para comprar un hacha. Llegué a casa y fui directo al jardín y contemplé con estupor, el inmenso tamaño que había adquirido. Intenté cortarlo pero no si logre hacerle ni un simple rasguño en su corteza. Jamás había visto una especie así. Busqué información para saber a qué familia pertenecía pero no encontré nada al respecto. Decidí probar con pesticidas, solo conseguí un estrepitoso fracaso: el químico acabó con toda la vegetación mientras el árbol seguia intacto.
Unos días más tarde, las raíces habían empezado a romper parte del suelo y las ramas amenazaban con hacerle lo mismo a los cristales de las ventanas que daban al patio. Esa noche me acosté aterrorizado.
Una extraña fragancia me despertó. Era un olor narcotizante. El árbol había florecido y junto con él la casa. Quedé embriagado por completo. Me sentia extrañamente observado. Presentí su deseo hacia mi. Sus las ramas me envolvieron tiernamente igual que los brazos de la madre arrullan al hijo, y acepte mí sacrifico de forma natural ¡a saber qué tipo de olor desprendería yo!
martes, 9 de abril de 2013
El intercambio
Tarde o temprano sus caminos se iban a cruzar. Andaban por la senda del no retorno; allí, los encuentros eran inevitables.
Primero se intuyeron, luego divisaron sus sombras en el horizonte y un poco más adelante, percibieron sus imágenes con nitidez hasta encontrarse uno frente al otro. Los dos estaban exhaustos. Hacía años, al inicio del camino quizá, solo les había importado una cosa: llenar sus fardos vacios. Pero ahora era distinto; los arrastraban con dolor y resignación. Eran incapaces de soltar el lastre. Seguían unidos a ellos como si de otra extremidad se tratara; una prolongación incómoda del propio cuerpo. Su paso lento los había vuelto pacientes y apáticos, permitiéndoles detener el tiempo sin angustia. Vivian con la inercia que conlleva el sentido de supervivencia, eso era todo. Pero después de observarse con detenimiento, un brillo extraño se reflejó en sus ojos. Su codicia muerta resurgió más fuerte que nunca. Desearon con vehemencia el uno el fardo del otro, y sin pensarlo, se abalanzaron para robarse mutuamente. Fue sencillo porque ninguno de los dos opuso resistencia. En unos segundos, sus cargas fueron intercambiadas. Y con los nuevos fardos a cuestas, creyeron sentirse más ligeros: era más fácil caer en la falacia que aceptar la realidad. Ahora, seguirían hasta que el peso regresara, hasta encontrar otra carga que intercambiar; y no sería la última porque el camino carecía de final. Era la senda del no retorno: quien se adentra en ella ya no sale.
domingo, 3 de marzo de 2013
Amnesia leve
-Háganse a un lado. Gritó desesperado.
Esa mañana se había despertado con el mismo tedio de todas las mañanas. Había tomado su ducha y preparado su café con la misma desgana de siempre. Había salido de su casa rumbo a su despacho con el mismo aburrimiento que lo consumía día a día. Cada noche al acostarse, lo único que pedía era un pequeño cambio dentro de su rutina. Y lo pedía porque él era un hombre cobarde, siempre lo había sido, se sabía incapaz de provocar nada: solo anhelaba. Así había transcurrido toda su vida, deseando el suceso, lo anormal, aquello que lo hiciera despertar del sopor en el que estaba inmerso desde que su memoria recordaba.
Sobre la hierba del jardín yacía un cuerpo pálido y desnudo. Un cordón policial lo rodeaba. Con paso lento pero firme, se fue acercando a él. La gente seguía observando en silencio. Un acto reflejo hizo que cerrara los ojos. Cinco policías custodiaban el cadáver. Empezó a sentir un sudor frío, el mismo que recorrió su cuerpo inmovilizándolo y llenándolo de pánico. La sensación de terror se intensificó con el paso de los minutos; fue entonces cuando pudo observar con claridad al muerto que tenía enfrente.
Lo que tanto había estado anhelando se hizo realidad; y recordó. Por una vez decidió dejar de esperar y actuar. Recordó el vaso, recordó los barbitúricos, los pasos hacia la ventana, la caída al vacío y el dulce alivio del que reconoce su fin.
martes, 29 de enero de 2013
La maleta
Una maleta era todo lo que traía consigo. Una maleta vieja y raída portadora de un único tesoro: su vida. Una vida llena de idas y venidas. Una vida sin rumbo fijo, repleta de experiencias y de riquezas no materiales. Fructífera a su manera de entender, inútil a la manera de entender de la mayoría. Nunca se opuso a nada y nada se opuso a él. Era la síntesis misma del “vive y deja vivir “: un concepto básico para la supervivencia, decía siempre.
Tenía un aspecto desaliñado. Jamás le preocupó lucir bien. Era hombre de intensa mirada, pelo canoso y piel morena. Tuvo suerte con las mujeres, no con el amor. No lo amaron como a le hubiera gustado y no las amó como ellas hubieran querido; un desencuentro constante, que no insatisfactorio. Había viajado por medio mundo y vivido en infinidad de lugares. Para bien o para mal de todos había aprendido y a todos llevaba en la memoria.
¿Que nos queda en realidad si no los recuerdos? Ellos nos asesinan y nos reviven a su antojo. No le importaba ser un inadaptado, un excluido, un “clochard ". Frente a el, la concurrencia siempre mostraba una sonrisa sarcástica e irónica, entonces daba media vuelta y les obsequiaba con una elegante reverencia o una fabulosa imagen de sus nalgas, dependiendo del humor del momento.
Pero nada dura para siempre y llego el día en que la vieja maleta no aguantó más. Se rompió y todo quedó desparramado por el suelo. No le dio tiempo a recoger nada, cuatro zarrapastroso que andaban perdidos por la calle se afanaron en robar lo poco que había. Adiós a su pequeño tesoro, adiós a sus pertenencias, adiós a su vida. Un momento ¿adiós?, no, claro que no. Hoy era el día idóneo para empezar de nuevo. Dio media vuelta y se fue por el camino contrario.
jueves, 17 de enero de 2013
Vida
Cristal de agua sin reflejo
imagen guardada en la retina dormida
visión irreal de la esencia
mecida en brazos del descanso
en movimiento continuo
Del otoño cercano
sin pavor se abre la puerta
Último elíseo
anhelo eterno
Déjà vu y vuelta
al inicio incierto.
jueves, 22 de noviembre de 2012
Diario de ...
"Pasa, no tengas miedo. Perdí la voz hace mucho, ya no pueden herirte mis palabras."
Texto extraído del diario de un fantasma (El no muerto).
jueves, 8 de noviembre de 2012
Sino
Te partes en dos, para vivir el tres
Aquel que nunca cuentaEl que se esconde detrás de las puertas
sigilosamente silencioso
El que ni se percibe ni se siente
Al que por miedo
El único realmente cierto
Final del camino
Hades
Hades
¿Destino lo llamas?
Quien sabe.
miércoles, 17 de octubre de 2012
La búsqueda
Quería realizar un acto de introspección y me
encontré deambulando dentro de mi propio cuerpo. Yo, como gusano diminuto viajando
a través de mi sangre. La verdad me sentí muy bien, era como haber encontrado
al fin mi hábitat natural.
Con una temperatura notablemente agradable, carente de frío o calor, me dejé llevar sin más por la experiencia del momento. Me costó acomodar la vista al principio. El rojo de la sangre predominaba sobre los demás tonos pero no era molesto y andar por los tejidos blandos se hacía poco cansado, era como dar saltos sobre una cama elástica. En definitiva, mi introspección estaba siendo de lo más entretenida.
Andaba yo en mis cavilaciones, cuando me vi rodeada por infinitos destellos luminosos cosquilleándome con su corriente. Tomé consciencia de inmediato. Estaba dentro de mi cerebro: el Dios omnipotente de todas mis ideas, mis emociones, mis recuerdos, mis verdades y mis mentiras. Pronto tuve un deseo irrefrenable de encontrar algo ¿Cuál era ese neurotransmisor relacionado con la sensación de felicidad ? Ah sí, ya lo veo. Un gran cartel con luces de neón llevaba escrito su nombre: DOPAMINA. Me lancé con ansia ingiriendo toda la cantidad que mi gusanil cuerpo me permitió, hasta que la sensación de placer me sació por completo. Ese, era el único Dios que necesitaba.
Segundos después una voz rompió mi estado de
éxtasis.
- Sra Lopez, sus pastillas.
Abrí mis ojos, y vi a esa mujer que se me
hacía extrañamente familiar sonriéndome. Miré la bata blanca y pude leer con
claridad :
Enfermera Hildegarda González. Hospital Psiquiátrico Nuestra señora del Rosario.
Con una temperatura notablemente agradable, carente de frío o calor, me dejé llevar sin más por la experiencia del momento. Me costó acomodar la vista al principio. El rojo de la sangre predominaba sobre los demás tonos pero no era molesto y andar por los tejidos blandos se hacía poco cansado, era como dar saltos sobre una cama elástica. En definitiva, mi introspección estaba siendo de lo más entretenida.
Andaba yo en mis cavilaciones, cuando me vi rodeada por infinitos destellos luminosos cosquilleándome con su corriente. Tomé consciencia de inmediato. Estaba dentro de mi cerebro: el Dios omnipotente de todas mis ideas, mis emociones, mis recuerdos, mis verdades y mis mentiras. Pronto tuve un deseo irrefrenable de encontrar algo ¿Cuál era ese neurotransmisor relacionado con la sensación de felicidad ? Ah sí, ya lo veo. Un gran cartel con luces de neón llevaba escrito su nombre: DOPAMINA. Me lancé con ansia ingiriendo toda la cantidad que mi gusanil cuerpo me permitió, hasta que la sensación de placer me sació por completo. Ese, era el único Dios que necesitaba.
Enfermera Hildegarda González. Hospital Psiquiátrico Nuestra señora del Rosario.
viernes, 5 de octubre de 2012
Zurich
Sentado en
la terraza de mi bar preferido, me propuse pasar el rato haciendo lo que más me
gustaba, observar a la gente. Imaginar e intuir, saber sin que te sepan, nada
más emocionante para agudizar la mente de un cazador nato como yo.
Son
incontables los placeres que me provocan todas esas mujeres floreciendo al paso
de la primavera. Ninguna tiene desperdicio, soy de los que siempre han creído
que en cada curva femenina se esconde algo bello, todas esas féminas son
poseedoras de cosas apetecibles-¿Desea tomar algo? Un poco pronto para lo etílico, pensé. Café solo, por favor.
Así transcurría tranquila la mañana cuando algo me incomodó e hizo que volviera la cabeza. No fue un acto reflejo, me sentía observado. Y allí estaba ella. La reconocí al instante. Habían pasado más de veinte años pero a mí, apenas me parecieron unos segundos. Recordé su silueta dirigiéndose hacia la puerta de mi apartamento de entonces, y la sensación amarga del que sabe que ya nunca más volverá a ser dueño de esa mujer. Me sonrió; había tristeza en su mirada; se veía cansada y sin embargo no había perdido ni un ápice de su frescura." Donde pone el ojo pone la bala", recordé esa frase y sonreí. Hice el ademán de levantarme para darle dos besos pero ella movió la cabeza. Se puso en pie y se perdió caminando entre la gente.
Cuando quise
seguir sus pasos, quedé envuelto dentro de una espesa neblina. Me faltaba el
aire, no podía respirar. Ella había desaparecido. En realidad todo había
desaparecido. Intenté gritar y no pude. Me invadió el pánico y... desperté
empapado de sudor en mi cama. Un sueño, todo había sido un sueño.
Mi mujer
llamó a la puerta.- Acaba de llegar una carta para ti de una tal " pistolita ".
- " Donde pone el ojo pone la bala”. Solté una enorme carcajada. Ese día supe que volvería a verla.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Cotidianidad
Me senté
estaba cansado, agotado, exhausto y herido
Te sentaste
estabas cansado, agotado, exhausto y herido
Se sentó
estaba cansado, agotado, exhausto y herido
Nos sentamos
estábamos cansados, agotados, exhaustos y heridos
Os sentasteis
estabais cansados, agotados, exhaustos y heridos
Se sentaron
estaban cansados, agotados, exhaustos y heridos
Descansamos juntos y
Vuelta a empezar
sábado, 25 de agosto de 2012
Sin un adiós.
Una gran verdad, es que nuestro tiempo no es indefinido ni infinito.
Dejó que la corriente de aire se lo llevara suavemente, con armonía, bailando un pequeño vals dentro de la "Nada”. Con ausencia total de pesar o de angustia. Un simple dejarse ir. No importaba donde. Sin metas ni realidades más allá del propio momento. Un solo instante que resumía una vida. Quizás dos, tres, cuatro. ¿Quién sabe? qué más da. Dejarse llevar, eso era todo.
Ir menguando despacio. Primero, casi imperceptiblemente. Después, aceleradamente hasta dejar de ser.
Como todas las mañanas, ella entró en la habitación para darle el beso de buenos días. Ese día
Sin embargo, sintió la gélida piel sobre sus labios. Entendió al instante que el ya no estaba. No derramó una sola lágrima. Lo miró tiernamente y observó la dulce sonrisa dibujada en su rostro.
- Espérame. No tardo. Pronto me reuniré contigo - Le susurró tiernamente al oído.
Fueron las
últimas palabras que pronunció
viernes, 10 de agosto de 2012
El silencio de las rosas blancas
Los dos entraron por puertas distintas, tomaron su silla y se sentaron de lado, ni de frente ni de espaladas, de lado, justo para que sus brazos sintieran el calor de sus cuerpos y sus manos se acariciaran. Estaban solos en medio de esa inmensa sala ovalada. Delante, un gran ventanal que dejaba entrar la luz diáfana del día .Nada más, ellos y dos sillas era todo lo que había en aquel lugar.
Impregnaba el ambiente un gran silencio, ese que se vuelve denso y que muchas veces significa más que cualquier palabra. Sus ropas de blanco inmaculado empezaron a difuminarse hasta tornarse casi invisibles, dejando vislumbrar los cuerpos ya vetustos de los amantes mientras una suave fragancia de azahar inundaba la estancia. Ellos no habían cruzado mirada alguna, sólo necesitaban sentirse uno junto al otro para estar en paz; se habían reconocido infinidad de veces antaño, ahora el solo roce de sus manos les valía para saber que formaban su dos, su maravilloso y singular dos.
Una leve brisa abrió la ventana de par en par dejando entrar un sonido musical apenas perceptible al oído sí no hubiera sido por el silencio que reinaba en la sala. Lo reconocieron al instante, era el concierto n. 5 para piano y orquesta de Beethoven. Sus ropas habían desaparecido por completo. Desnudos y con la música en aumento dejaron las sillas, se miraron a los ojos y se besaron, se besaron con una pasión tierna y dulce, sin prisas ni atropellos, se abrazaron y sintieron como se fundían el uno en el otro, muy despacio, muy despacio, muy despacio...
-No corras tan deprisa que no te alcanzo-Le dijo Violeta a su hija mientras la seguía campo a través. Pronto observaron frente a ellas lo que parecía una pequeña casa ovalada con una inmenso ventanal abierto de par en par .La niña no lo pensó dos veces y entró. Salió con dos hermosas rosas blancas en la mano.
-Son ellos mamá. Toma, para ti.
viernes, 27 de julio de 2012
Simbiosis
Tenía tanto por decir que nunca supo cómo empezar. En realidad nunca supo cómo empezar nada, era curioso. En el fondo su mal sabida facilidad fue la misma que le impidió desarrollar cosa alguna. Jamás le salieron las cuentas. Jamás de los jamases, ya podía intentarlo una y otra vez, que después de un buen principio, nada; era como si un muro gigantesco empezara a formarse desde el inicio. Daba igual lo que fuera, algo cualquiera incluso intrascendente, acababa siendo un eterno principio, eso era todo lo que había conseguido hacer: un eterno y gran principio.
Tenía tan poco que decir que nunca supo cómo desarrollar algo que no fuera el puro final. Todo el mundo le decía" ¿No ves que para llegar al final has tenido que empezar por el principio?" Y lo que nadie entendía, era que su comienzo, desarrollo y desenlace eran tan rápidos que lo único que podía retener era eso, un simple final.
Un día principio y final se cruzaron, se miraron, se reconocieron al instante y desaparecieron por la calle del infinito sin número.
martes, 17 de julio de 2012
Quizas, tal vez,seguro
Perderse en el sendero de los innombrables
quizás
En la ruta de los desaparecidos
tal vez
Formar parte de los no reconocidos
seguro
Mientras
solo queda andar por el camino de la sin razón
El que se mueve más allá de la realidad existente
El único capaz de llevarme
al paraíso de la utopía sin fin
Mi paraíso.
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